Torbellino de paternidad.

Por Nicole Ravest

 

 

Quiero compartir con ustedes nuestra historia como madre y padre de nuestra hija Rafaela.

La titulé así, porque con mi marido desde el día uno que supimos que seríamos padres, tuvimos un torbellino de actividades y emociones durante el embarazo de nuestra hija. Se nos ocurrió pasar ese Año Nuevo acampando a la vida! Hasta con tormenta incluida!. Nos casamos a lo grande por el civil y la iglesia y quisimos tener una soñada Luna de miel con tours incluidos y ¿qué pasó?  tropezamos con tremenda piedra. Y esa piedra nos dolió y nos hizo poner los pies en la tierra, porque ya no estábamos solos. Tanto movimiento y tanta vida loca hizo que mi embarazo tuviera síntomas de parto prematuro, lo que nos llevó a calmarnos y a llevar una vida mucho más tranquila.

Luego de eso llegó Rafaela, nuestra hija preciosa, fue un parto inducido, bastante complejo, con mucha intervención médica y dolores que nunca olvidaré. Cuando al fin pudimos ver a nuestra pequeña de 8 meses de gestación nos dijeron que debían dejarla hospitalizada por precaución (debido a bajos niveles en el apgar). Fue uno de los momentos más difíciles de nuestras vidas,  todo dolor físico pasó a segundo plano, sólo queríamos tenerla entre nosotros y eso no sería posible.

 

Así pasó una semana en Neonatología, durante esa semana; lloramos, nos frustramos pero también aprendimos muchísimo; aprendimos a calmarnos, a bajar nuestros niveles de ansiedad y a que el amor de padres lo es todo. Además, conocimos muchísimas experiencias similares o más complejas.

 

Cuando por fin Rafaela estuvo en casa con nosotros, nos dimos cuenta que lloraba demasiado, se retorcía y tenía muchos cólicos. Luego de idas a distintos médicos le diagnosticaron alergia alimentaria, después del tremendo torbellino que habíamos pasado ¿ahora esto? Si así fue, tuvimos que cambiar nuestra vida 100%! Inicie una dieta estricta, la llamada dieta del amor, no podía comer casi nada. Por lo mismo dejamos de ir a restaurantes y de visitar a grupos de amigo, ya que era muy complejo tener comida apta para nosotras. Bajé muchísimo de peso, al borde de la desnutrición. Fueron meses muy difíciles, de mucho llanto, nuestra hija tenía muchos cólicos lo que gatilló a tener trastorno del sueño, no lograba dormir lo suficiente y estaba la mayoría del tiempo muy irritable.

 

Pese a todo lo que pasamos, logramos estabilizar a nuestra hija, mi marido me preparaba comidas especiales, yo tenía casi todo el día a Rafaela en brazos, de esa forma lograba dormir mejor y poco a poco fue pasando mejor sus días, además recurrimos al porteo y fue la mejor opción. Así logramos que durmiera más cómoda y mucho más tiempo. Además, era la opción que tenía para poder tener mayor “independencia” y moverme por todos lados.

 

Actualmente nuestra hijita tiene 1 año 10 meses y sólo quedan algunas noches con malestares estomacales, pero muy leve. Rafaela es una niña sana y feliz. Juntos hemos aprendido a valorar el día a día, a disfrutar lo simple de la vida a sonreír pese a todo y a ser felices con nuestra familia.

 

Nuestra hija si llegó como un torbellino, y los torbellinos llegan muchas veces arrasando con todo, pero lo que dejo este torbellino no lo cambiaríamos por nada en el mundo. Su inteligencia, alegría, bondad y valentía nos cambió la vida.

 

Un abrazo querida comunidad.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *