Ser Mamá y Criar Hijos en otro País

Por Andrea Anders

A mediados del 2015, mi marido me preguntó ¿te gusta Filipinas?, me quedé pensando y le dije sé poco de Filipinas, en realidad, mi jefa de Estados Unidos en ese momento era filipina, entonces sabía que era un país asiático que en el algún momento fue gobernado por españoles y un par de noticias. Y él me contó que le estaban ofreciendo un trabajo allá por un año. Me gustó la idea y le dije vamos, sin pensarlo mucho, en ese momento teníamos a Gaspar con 1 año y medio y estaba en nuestros planes tener otro hijo en cualquier momento, así que decidimos seguir con nuestro proyecto familiar.

Mi marido se vino a instalar a Filipinas en Agosto de 2015 cuando yo tenía 3 meses de embarazo de Catalina. En Diciembre nos vino a buscar y finalmente el 1 de Enero de 2016 viajamos los 3, en ese entonces yo ya tenía 7 meses, y a pesar de 27 de horas, fue un viaje tranquilo. Al llegar acá lo más difícil fue adaptarnos al horario (12 horas de diferencia adelantados), también el clima, mucho calor y humedad. El sol sale a las 5am y se entra alrededor de las 6pm casi todo el año. Pudimos conseguir una nana al cuarto día, mi hijo empezó a ir al jardín al mes de llegados y fue cuando empezó también mi reposo absoluto porque tenía muchas contracciones y dolores, mi hija era bastante grande. Pensé que no aguantaría ocho meses viviendo acá, fecha en que terminaba el contrato de mi marido, también coincidía con el término de mi postnatal y supuestamente volveríamos a retomar nuestra vida en Viña. Sin embargo, la vida, el destino, no lo sé, a veces tiene preparadas otras cosas para uno y es así como ya vamos a cumplir dos años acá. Viajamos en Agosto de ese año a Chile a renunciar a mi trabajo y a arrendar nuestro departamento, marcando así un cambio radical en nuestras vidas porque nos desligábamos de Chile, ya no teníamos un lugar físico donde volver. El cambio ha implicado costos y beneficios para la familia, prefiero mirar el lado positivo y seguir jugándomela por nuestro proyecto familiar.

Volviendo al embarazo, que ya estaba en etapa final, fue bien tranquilo y con reposo en casa. En cambio al momento de mi parto sentí mucho miedo, conocía hace solo un mes a mi ginecóloga y muy poco a la pediatra que recibiría a mi hija. Aunque ambas fueron cesárea, el parto demoró el doble que el de mi hijo, me decían que Catalina era muy grande por eso costó sacarla. Estaba tan nerviosa que me dio taquicardia y empecé a sudar helado, mi hija ya había nacido y la estaban evaluando, la anestesista me dijo que me dormiría con una inyección si me sentía muy mal, para mí fue un cerrar de ojos, pero mi marido me dijo que fue como una hora donde él tenía a mi hija y se la pudo mostrar a Gaspar y a mi mamá que había llegado una semana antes a acompañarnos. Nació bien gracias a Dios con casi 4 kilos y 52 cm. Mientras estaba en la sala de recuperación me fueron a preguntar si quería la placenta o sino la botaban, no la necesito les dije, después supe que muchas mujeres comen parte de ella. A todo esto está prohibido llevar mamaderas y chupetes a la clínica, el apego y la lactancia es lo más importante para ellos, nunca se llevaron a mi hija a otra sala. Catalina nació a las 8:40am y lloró parte del día y toda esa noche porque aún yo no tenía leche. Al día siguiente ya le pudimos dar fórmula y fue cambiando el panorama, aunque cada cierto rato venía una asesora de lactancia a ayudarme con el amamantamiento. Al tercer día de nacida le mostré a la pediatra los aros para Catalina, preguntándole donde se los podía poner y me dijo “en mi consulta a los 5 meses”, antes no está permitido, también le dije que me gustaría pelarla y me contestó “sí, pero del año en adelante”. Mi marido se armó de valor y la pelo cuando dormía, ya que en ningún lado se atrevían a hacerlo. Y es así como aquí, y me imagino que en otros lugares, muchas cosas son distintas en torno a los recién nacidos y la crianza, no te queda otra que acatar, uno se va adaptando a su cultura y su gente. Por ejemplo, la vacuna BGC que nos marca de por vida en el brazo, acá la ponen en el trasero por estética. El calendario de vacunas es distinto, pero trato de seguir el de ambos países.

Cuando mi hija tenía cuatro meses conocimos a otra familia chilena con niños pequeños también y nos invitaron a participar en una comunidad latina que tiene hartas actividades para los socios. Entre las reuniones que se llevan a cabo está una junta semanal con niños de 0 a 6 años para que jueguen y practiquen el español, porque su vida en el colegio es sólo inglés, a las mamás nos sirve como contención, red de apoyo, intercambio de datos de doctores, colegios, nanas, viajes, etc. Gracias a esta comunidad la adaptación ha sido más fácil y entretenida, todos somos expatriados viviendo en las mismas condiciones con mamás que se dedican exclusivamente a sus hijos, con nanas que nos ayudan en la casa y con los niños mientras nuestros maridos trabajan. Es así como ellos pasan a ser parte de tu familia, y contamos con ellos para cada momento importante. No es fácil criar lejos de tu país en una cultura tan distinta, sin embargo, a pesar de todo, lo recomiendo a aquellas familias que recién se están formando, es un gran regalo que les estás dando a tus hijos poder conocer otros países, culturas, y el idioma inglés que la mayoría quisiera hablar.

Ahora que ya vamos a cumplir dos años, mi marido será nuevamente trasladado, algo que me tiene muy contenta y a la vez triste porque dejaremos amistades y nuestro estilo de vida, es decir, tenemos que empezar de cero buscando casa, colegio, etc. Me imagino que así va a ser nuestra vida por un tiempo, la vida de los expatriados, que se resume a un par de maletas, porque uno se desapega de las cosas materiales. Sin embargo, a pesar de todo, gracias a eso tenemos una vida cómoda y tranquila. A mis hijos los veo felices, este es su hogar, su país, ellos se adaptan más rápido que uno y disfrutan de tener a su mamá y papá cerca. Mi marido lleva a mi hijo al colegio, viene a almorzar todos los días. Tenemos una linda vida familiar, conservamos las costumbres chilenas, así como también respetamos y algunas veces participamos de las actividades filipinas. Espero que algún día nuestros hijos nos agradezcan esta experiencia intercultural y se puedan adaptar con facilidad a Chile en unos años más cuando decidamos volver. ¿Se animarían a salir de su país con los niñ@s? Saludos a tod@s!!!