Protagonista de mi embarazo y parto.

Por Macarena Muñoz.

Fui mamá por primera vez a los 19 años sin ninguna experiencia. Vi la carita de mi hija y me enamoró enseguida, los primeros meses fueron difíciles pero luego todo pasó, era un periodo de universidad, lo que no me permitió vivir mi maternidad a concho,  por eso sentía que algo había faltado.

Después de 16 años tomé la decisión de volver a ser mamá, retomar esa deuda que había dejado atrás, así que con todo controlado viví ese embarazo como si fuera el primero.Todos los días veía como crecía mi panza (solo yo lo veía), me sentía llena de energía y tan feliz. Desde el día 1 soñé con mi parto y mi lactancia, todo sería perfecto. El médico que controló el embarazo me decía que yo siendo una mujer sana podía tener la certeza de un parto normal, pero llegada la semana 37 y con las molestias propias del término de un embarazo la matrona que era parte del equipo del médico me “sugirió” inducir el parto porque mi bebé ya estaba posicionado(…) Al día siguiente fuimos a la clínica a hacer el ingreso y me inyectaron oxcitocina, pero el trabajo de parto no llegaba, mi cuerpo y mi bebé aún no estaban listos. Durante toda esa tarde seguían asegurándome el parto normal, las horas que fueran necesarias, pero llegando la noche la matrona nuevamente me “sugirió” una cesárea porque no había dilatación (¡hoy lo pienso mejoor y digo por que! Aún nos quedaban 3 semanas). Nos asustaron a mí y al papá… nos llevaron a pabellón y fue todo un circo, los médicos hablaban de un partido de fútbol, luego de que lugar sería el destino de las vacaciones, la enfermera y matrona acerca de sus hijos y nanas y yo tirada en una camilla, contenida, muerta de miedo y nadie, NADIE me preguntó como estaba. Después de 2 horas pude ver a mi bebé, ya la habían dado leche de fórmula, el dolor de esa cesárea impidió poder amamantar de forma adecuada y tuve mastitis y mucha gente que no aportaba nada positivo…lo típico, “tienes mala leche, el bebé queda con hambre” y un sinfín de cosas. Resultado: bebé de mamadera.

2 años después, ya habiendo asumido mi parto y lactancia frustrada me enteré de un nuevo embarazo, casi me morí, me aterré, lloré del pánico que me generó pensar pasar nuevamente por una cesárea tan violenta como la que había vivido. Una vez que conseguí la calma decidí que esta vez yo sería la protagonista de ese embarazo, que nadie más que yo decidiría todo, así que me informé y sin buscarlo empecé a rodearme de gente maravillosa que hicieron de este embarazo una vivencia única. Conocí a mi matrona, una mujer fuerte y llena de luz que transmite fuerza y calma, mi doula, compañera de universidad que después de casi 10 años sin vernos nos topamos un día en la calle y no nos separamos más y así mujeres que de a poco nos fuimos acompañando en el transitar para empoderarnos de nuestros embarazos.

Todo estuvo muy tranquilo, pero sabía que si en el momento del trabajo de parto ponía un pie en la clínica sería víctima una vez más de una cesárea innecesaria, así que empezó a rondar la idea de un PVDC en casa… una locura para muchos (todos) pero algo mágico para mi. Convencí al papa y listo, solo debía llegar el momento. Cuando así fue, disfruté cada segundo de ese día… me sentí única, fuerte, poderosa, traería a mi hija a este mundo en mi casa. Fue intenso, pero sanador, incluso, cuando iniciaba el periodo intenso del parto, llegó mi papá casi de sorpresa (vive fuera de Chile) y no podía creer lo que estaba presenciando. Mi amada Amanda llegó a las 21:45 hrs, llegó a maravillar mi vida, llegó a sanar la herida que dejó esa cesárea, llegó a mostrarme que soy capaz de decir que no cuando algo no me parece… mi Amanda es simplemente maravillosa.