No cedas tu poder.

Por Rocio Sánchez.

Desde el primer momento en el que nos enteramos de que seremos madres, nuestro entorno comienza a hacer un trabajo de joyería y como seguramente ya lo viviste, empiezan a hablar y hablar sin límites, y por supuesto, de todo lo que te puedas imaginar. ¡Recuerda esto, nunca cedas tu poder!

Empecemos, lo primero que te dicen es el clásico “aprovecha de dormir” como si pudieras guardas sueño de reserva. Empiezan las historias de las amigas, de las primas, de las tías de las hermanas de la vecina, en donde siempre hay una madre sufriendo, un bebé que no logra conciliar el sueño, un padre ausente y esto si tienes suerte de que en la historia el bebé no muere en los primeros meses de gestación e incluso en los últimos. ¡Recuerda esto, nunca cedas tu poder!

Y pasas por una larga lista de comentarios que, si bien las personas creen que son de utilidad, no lo son porque solo te llenan de inseguridades. Acá está el clásico y amoroso comentario “Tu cuerpo nunca vuelve a ser como antes”: se te oscurecen los pezones y la guata queda flácida. También de seguro alguien te dijo que: “la lactancia duele” y obvio esto si tienes la suerte divina de que tu hijo haga un buen “acople” y no te destruya la pechuga los primeros días. Y vamos sumando una serie de comentarios sin olvidar los más importantes cuando llegue el momento del parto. ¡Recuerda esto, nunca cedas tu poder!

Es aquí donde aparecen las historias de mujeres rajadas, cesáreas dolorosas, bebes sin apego, fórceps y sus mil deformaciones de cabeza (considera que estas historias son de los años 50), sugerencias como: cuenta los dedos de los pies, las manos y dile a tu marido o a quien te acompañe que no pierda a la guagua de vista porque te la pueden cambiar o robar.

¿Como estamos tranquilas el día del parto con esta información clasificada digna de una película de terror? ¡Recuerda esto, nunca cedas tu poder!

Y nace tu bebé. ¡Qué maravilla Dios lo bendiga! como dicen las abuelitas o simplemente le sacan la madre para que no lo ojeen…y es acá donde empieza lo realmente bueno porque llegan los comentarios que atentan directamente con tu rol de madre: lo abrigas demasiado, esta pilucho, esa guagua tiene hambre, esa guagua tiene frio, esa guagua esta pasada, esa guagua tiene cólicos, ¿Qué comiste? ¿No te cuidas?… y así pasamos por un sin número de críticas en esta maravillosa aventura de la maternidad.

Todos opinan (y no con las mejores palabras) y empezamos a perder nuestro poder. Ya no decidimos nosotras, siempre llamamos a la amiga de las 3 guaguas, al pediatra y a mi mamá o mi suegra… hasta que llega el punto en el que no sabemos que hacer, nos superamos, lloramos de angustia y sentimos que no somos capaces de darles un cuidado óptimo a nuestro bebé. ¡Recuerda esto, nunca cedas tu poder!

Nosotras las mujeres nacemos sabiendo ser madres. Esta dentro de nuestro código genético, la maternidad es algo instintivo. Siempre sabes cuándo a tu bebe le pasa algo, cuando le cambio el llanto o la caca o incluso si tiene ojeras… nacemos con esa capacidad. Desde el comienzo de la humanidad hemos sido madres, hemos llevado embarazos, hemos parido y hemos criado. ¡Recuerda esto, nunca cedas tu poder!

Tú, eres la única persona que puede saber que necesita tu bebé, están unidos por una energía cósmica mágica en donde ambos son un solo ser. Tú lo sientes y él te siente. No permitas ceder tu poder de madre, recuerda esto: Eres mujer poderosa, tienes dentro de ti todo lo que necesitas, solo debes conectar con tu diosa interior. Si tan solo pudieras verlo, detrás de ti hay una red con todas las mujeres de tu clan entregándote amor y fuerza.

Vive la maternidad como prefieras. Todos somos diferentes y eso está perfecto. Ser una misma es el regalo más lindo y preciado que nos dio el Universo.

Pon límites, ama y amate, conecta con tu sabiduría interior, con tu entorno y con tu bebé y recuerda esto, ¡nunca cedas tu poder!

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