Mis experiencias de parto en casa.

Por Alejandra Segura.

 

Soy Alejandra Segura, educadora diferencial, doula e instructora de kundalini yoga; cuando Sindy me habló de esta posibilidad de escribir para un lunes de confidencia, debo decirles que me sentí feliz de poder contarles un poquito más de mi. En mi vida personal les cuento que soy esposa y madre de dos niñas maravillosas, Leonor y Amparo, ellas son mis ojitos de color sol, quienes inspiran mi ser y me han hecho descubrir lo hermoso que es vivir.

 

Hace casi 4 años atrás, me convertía en madre de Leonor y es aquí donde quiero abrirles mi corazón y contarles mi experiencia de haber parido en casa. En estos días vi una película: fragmentos de una mujer, dirigida por Martin Scorsese y protagonizada por Vanesa Kirby y Shia LaBeouf, que sin duda es una película maravillosa y realista en relación a las pérdidas gestacionales, que es una opción al momento de vivir, ya que estamos siempre en blanco o negro, o juego de luces y sombras de la vida, y que nadie quiere hablar, ya que es un proceso muy doloroso, personal y que despierta un sinfín de emociones dormidas, y que se ven obligadas a vivir una muerte para la que no estaban preparadas. Sin duda abrazo a cada una de esas mujeres y las valido en cada una de sus desiciones.

 

Hoy me gustaría contarles una historia bonita y sensible al momento de nacer, y es mi experiencia de parto en casa, que fue realmente maravillosa. Cuando ya nos disponíamos con mi amado a recibir a nuestra primera hija, nos tomamos de las manos y nos dijimos: ya viene,  y sabíamos que este viaje de la co-crianza había comenzado. En el silencio y el calor de nuestro hogar y con el acompañamiento de nuestra matrona, recibimos a Leonor, una niña sana y fuerte que entre expansiones de amor, se abría paso a este mundo, y es aquí donde esta la magia, en donde estoy convencida, que si todos hubiesemos nacido o nacieramos de esa manera podríamos cambiar el mundo y ser una sociedad de amor, comprensión y empatía. El gran Michel Odent, médico obstretra francés y defensor del parto fisiológico, nos menciona “he elegido cuidadosamente a mi madre”, en donde hace referencia a que la forma en que nacemos, impacta en quienes somos y qué salud tenemos a lo largo de nuestra vida, entediendo la salud integral del ser: mente, cuerpo y espíritu.

 

Gracias a Dios todo fluyó muy bien y entre cada contracción, también me paría a mí misma, una mujer que moría y que iba al espacio a buscar a su guagua, y la traía otra mujer; una mujer nueva que traía fuerza, amor y expansión. Me daba cuenta de lo hermoso de ser mujer, porque somos portal entre lo divino y lo terrenal, entre el cielo y la tierra. Y Wahe guru! Ya tenía a mi hija en los brazos, pudiendo sentir su olor, su calor, su sabor y lo magnífico de ver que una vida salió de ti. Y solo nos quedaba encontrarnos y reconocernos como familia. Así que nuestra matrona luego de acompañarnos en atenciones post-parto se fue y nos quedamos disfruntando del calor del amor.

 

Luego de dos años, nos enterabamos de la segunda llegada de una hija, de Amparo, una bebé de armas tomar, amorosa, comprensiva y creativa. Siempre supe que tambien nacería en la casa y que la experiencia tenía que ser creativa y amistosa para que mi hija mayor pudiese estar. Y así fue, tuvimos un parto en agua, en donde pusimos una piscina en nuestra casa, y así mi hija mayor podría acompañarme en las expansiones. Leonor estaba feliz de estar en el agua me hacía cariño al igual que mi amado y así fueron pasando los minutos y en un abrir y cerrar los ojos, Amparo se hacía presente en nuetras vidas.

 

Siempre estuve acompañada por mi doula y amiga: Sat Kirpal quien desde la distancia me acompañaba, ya que mi hija nació en un contexto adverso, en pleno estallido social, por lo que viajar no era hacía fácil. Mis matronas maravillosas: Paulita y Maca, también, siempre acompañándome, conteniéndome y apoyándome, el rol de ellas fue fundamental, ya que esta vez mi amado tenía que acompañar a mi hija Leonor. Estos seres hicieron posible que la magia de la vida se pudiese una vez mostrar en plenitud.

 

Y hoy, en esta confidencia les quiero decir que me agradezco a mí tambien, por la fuerza y convicción que tuve para poder ser intrumento de la paz, para que así se pudiese dar vida. Le agradezco a mis pies por enraizarme a la tierra, a mis piernas que firmes me sostienen, a mis caderas que suavemente se abrieron para dar paso a la vida, a mi vientre que albergó, a mis cachorritas con tanto amor y calor; a mis pechos que de ellos emerge el alimento que tibiamente nutre; a mi cara, que siempre sonríe porque la vida es bella y si bien hay momentos duros, estos son solo para hacernos crecer, así que también los agradezco; le agradezco a mi ser, quien soy porque hoy después de un largo recorrido me miro al espejo y me amo, me amo con más fuerza que nunca. Agradezdeco a mi amado que siempre creyó en mi y me acompañó con valentía en cada uno de mis procesos, aunque estos muchas veces fuesen dolorosos y agradezco a las almitas que me eligieron como su madre: mis hijitas bellas, que agradezco cada día por tenerlas en mi vida, y que me inspiran a ser la mejor versión de mí misma.

 

También les quiero dejar  abierta la posibilidad de conocernos más, y poder sumergirnos en estas aguas que muchas veces nos hacen sentir solas y a la deriva. Es por ello que hoy con gran pasión me desempeño por vocación y entrega a este camino del acompañamiento a la maternidad y las tribus se hacen fundamnetales para poder sortear la vicisitudes de la vida, es por ello que hoy quiero agradecer a Sindy por darme la posibilidad de desplegar mis alas y mostrar mis colores y a mi hermosa tribu de mamás mantoras, que cada una en su magestuosidad de mujer, nutren y sostienen sus familias y entre nosotras nos damos fuerzas, las amo.

 

Inventemos coleres, la vida esta empezando y eso nos da esperanza, inventemos lugares de paz, está en nuestras manos crear una historia que contar y hoy más que nunca el mundo precisa amor, paz y una canción que nos una. Sat nam y muchas gracias a cada una de las que se dió el tiempo de leerme.

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