Lo que no se dice de la maternidad.

Por Nadia Torres.

Siempre cuando pregunto a una mamá ¿cómo estás?, la respuesta es ¨bien¨, uno siempre responde eso, de forma casi automática y sin pensarlo mucho…

Y luego pienso cuando respondo bien, ¿realmente estoy bien? ¿Dormí bien? ¿He comido bien?

La respuesta a eso no siempre es positiva, entonces, ¿por qué dejamos bajo la alfombra nuestro sentir?, ¿por qué no decimos que estamos cansadas, con hambre, poco aseadas, con sueño, agobiadas? ¿porque al decir eso seremos malas madres, porque debemos estar siempre felices y contentas solo por ser madres?.

Y ¡no! La verdad es que fue un día difícil, estoy cansada, quiero estar en silencio y sola un par de horas y eso no me hace ser mala madre, por el contrario me hace recuperar fuerzas y energías para el siguiente día.
Entonces, ¿por qué decimos bien? si la maternidad es difícil, compleja, muchas veces solitaria y nadie te dice que será así, todos hablan de lo bello que son los hijos, lo maravilloso que es convertirse en padres, a lo mucho te cuentan que vas a dormir poco, pero nadie confiesa en un almuerzo familiar de día domingo que lo está pasando mal, que lleva días sin comer algo caliente, que duerme con suerte tres horas en toda la noche y que esperas con ansias que llegue alguien para poder ir al baño tranquila.

¡No! De eso no se habla, no podemos quejarnos porque nuestros hijos están creciendo fuertes y sanos, ocultamos ese lado de la maternidad; pero que importante sería hablarlo y darnos cuenta que a todos nos pasa, que es normal perder la paciencia y estar cansada o cansado, que si bien ser padres es maravilloso como todas las cosas tiene su lado B, su lado solitario y oscuro donde lloramos en el baño a escondidas para que nuestros hijos o hijas no nos vean.

Me hubiese gustado que antes de ser mamá alguien me confesara estas cosas (aunque eso no hubiese cambiado mi decisión) porque pese a todo lo desgastante que puede ser maternar, un hijo tiene la capacidad de colorear tus días más grises; y es aquí donde toma fuerza la necesidad de criar en tribu, de no pasar estos momentos sola, de sentirte acompañada, acogida y escuchada sin juicios; donde compartir tus experiencias y poder expresar lo que tanto te agobia, eso hace sentir la carga más liviana para poder seguir intentando hacerlo cada día mejor.

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