Lo que nadie nos explica.

Por Catalina Ponce.

 

Toda la vida quise ser mamá, decía que antes de los 30 si o si tendría mi primer hijo/a y así fue, conocí al amor de vida y al poco tiempo decidimos que era el momento y de un día  para otro mi sueño se hizo realidad.  Pero nunca dimensioné el cambio que esto traería a mi vida.

 

Cuando Rafaella nació, fue lo más maravilloso que sentí en la vida y a medida que iban pasando los dias comencé a notar ese cambio que nadie nos explica nunca, comencé a darme cuenta que la maternidad perfecta no existe y que la culpa por querer tener un rato de tranquilidad era una sensación normal en mi día a día.

 

Me dedique 100% a mi hija, salía a trabajar unas pocas horas, 2 veces a la semana y mi mamá me la cuidaba, esto fue hasta unos meses atrás, ya que comencé a sentirme ahogada, quería poder trabajar, sentirme mujer y no tanto mamá, pero la culpa es algo con lo que cargo constantemente, porque siento que podría estar más con ella, pero cuando la veo feliz jugar en el jardin y cuando la voy a buscar esa conexión que se da en ese momento es tan maravilloso que me calma y me hace pensar que no lo estoy haciendo do tan mal.

 

Sin duda lo mejor que me ha pasado en la vida es mi hija, pero creo que idealizar la maternidad como yo lo hice es un error gigante, no existe la mamá perfecta, hacemos lo que mejor podemos cumpliendo con todos nuestros roles cotidianos, debemos dejar de sentir culpa y apoyar a la mamá que está pasando por lo mismo que una pasó, debemos dejar de juzgar las maneras de criar y dar consejos constructivos.

 

Gracias a mi hija hoy soy más segura de mis capacidades, soy inmensamente feliz con el complemento de mis roles y quiero que ella aprenda eso, que todo se puede si se hace con amor.

 

Un abrazo comunidad.

 

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