Lactancia: No me arrepiento de haber seguido intentándolo.

Por  Loreto Vallejos

Cuando nació mi primer hijo sufrí mucho para iniciar la lactancia. Mis pechugas estaban enormes y adoloridas, mis pezones se rompieron y literalmente sangraban cada vez que le daba pecho. Yo sufría cuando se acercaba el momento de amamantarlo, porque justo cuando comenzaban a cerrarse un poco mis heridas, ya era hora de dar pecho otra vez y empezaba el sangrado y el dolor horrible de nuevo… y yo terminaba llorando en silencio del dolor, mientras alimentaba a mi Marito. ¿La verdad? fue durísimo. Al 3º mes y luego de mucho intentarlo lo había conseguido, gracias a la lanolina, mucha paciencia y amor. Pude alimentarlo hasta los 7 meses.

 

Con mis otras dos hijas fue diferente: ya sabía a lo que iba. Me dolió, pero en verdad fue muchísimo menos cada vez. Amamanté a mi Amandita hasta los 20 meses y a mi Elenita hasta los 19 meses. ¡Lo disfruté a concho!

 

Pude disfrutar de la escena idílica que tenía en mi cabeza, “emanando un halo de luz” de apego y vínculo, jajaja. ¡Lo logré! y no me arrepiento de haber seguido intentándolo una y otra vez. Sé que ha sido el mejor regalo que les he podido dar.

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