El término inesperado de mi embarazo.

Por Makarina Valdivia.

Me es complejo buscar un momento para compartir más de crianza, ya que  todos los días vivo y aprendo cosas nuevas, pero voy escribir y remover en mi vida un momento que me marcó como mamá, y fue esta experiencia que me hizo aterrizar a este mundo real de ser madre y de intentar vivir cada experiencia con amor, valentía, coraje, dinamismo, creatividad, alegría, optimismo, superación,  etc.

Fui madre a los 21 años, en una etapa de mi vida que no tenía las condiciones ni información posiblemente necesaria, pero que ansiaba con mucho amor llevar a cabo de la mejor manera. Mi embarazo y el nacimiento de mi hija no fueron como acostumbraba a ver en amigas, familiares y como lo vivía el entorno que me rodeaba, ya que nuestro encuentro fue un poco más complejo y difícil. Durante todo mi embarazo disfruté de sus movimientos y sus ganas de hacerse presente en mi vida, aprendí también a sobrellevar  el aumento de peso, cambios de humor, ganas de comer desesperadamente, movimientos incómodos y falta de sueño, pero desde la semana 35 la espera se volvió con mayor ansiedad que en al principio, y no solo porque quería conocerla, sino porque tenía un diagnóstico distinto, un término de embarazo inesperado luego de asistir a urgencias por molestias en mi espalda en donde me señalaron dos cosas: Tenía muy poco líquido amniótico (me hospitalizaron) y además, mi bebé tenía con una “malformación intestinal”  (no se sabía si su intestino estaba dentro o fuera de su cuerpecito tan pequeñito).

No puedo desmentir que me dio mucha pena todo lo que me decían, ya que no lo había contemplado jamás nunca, sin embargo, etapa se volvió aún más compleja. Mi niñita fue operada al tercer día de nacida y con pocas posibilidades de vida, no recibió alimentación maternal durante un mes (solo suero y llena de mangueras para sacar el líquido biliar) y su operación no daba señales de que fuese efectiva, así que se programó una segunda intervención, pero Dios estaba realizando un milagro en ella aún mayor. El mismo día en que estaba programada su segunda operación, ella dio señales de recuperación e hizo su primera deposición, así que pude por fin alimentarla con “lechita de mamá” (como le decía ella cuando era una bebé)…una alegría que no se puede describir y no tiene precio, había funcionado su operación  y yo estaba lista para comenzar otra etapa con mamá.

Ya han pasado muchos años desde aquel día en que pude por primera vez alimentarla y llevármela a casa. Nuestro vínculo sin lugar a dudas se fortaleció y han pasado ya doce años de este hermoso regalo de Dios en mi vida, en donde hemos crecido juntas y hemos logrado con la ayuda de Dios superar diferentes obstáculos, en donde he aprendido que no hay diagnósticos, distancias, y  nada más fuerte y poderoso en todo el universo que Dios y el amor de una madre y su hij@.

Me hace muy feliz poder compartir parte de esta pequeña confidencia con amor de mamá y poder decir que queremos como familia vivir una nueva etapa si Dios permite el próximo año y poder tener un nuevo milagrito de amor en nuestras vidas.

Por último, quisiera compartir con ustedes un libro muy bueno que ha sido mi consejero de esta etapa única en la vida y se llama “La Conducción del Niño” de Elena de White.

Un abrazo y gracias por darse el tiempo de leer mi experiencia, me despido con amor de mamá!