De ser acompañante pasar a ser protagonista

Por Sebastián Melendez Dreves
Imaginé como papá que el momento del parto debía ser maravilloso, siempre visualicé un momento en donde los tres pudiéramos disfrutar, donde Rocio pudiera sostener a nuestro hijo desde el primer momento y que yo pudiera también sentir ese amor.

Cuando uno es hombre y papá, la gente te recomienda cosas prácticas como:
no pierdas de vista a tu hijo porque te lo pueden robar, preocúpate de que lo pesen, que llore, que esté respirando bien, etc. Nadie te dice cómo acompañar a tu familia en un momento de violencia obstétrica y nadie te prepara para un momento así.
Cuando nos pasó esto, me sentí mucho tiempo culpable por no poder haber sido más firme con el cuerpo médico, por no dudar de los procedimientos profesionales, porque al fin y al cabo uno se confía en ellos y pone toda las esperanzas en su criterio.

Luego de bastante tiempo me di cuenta que la violencia no solo fue hacia Rocio y Lucas, sino que fue hacia nosotros tres, que en este tipo de caso la culpa no era de nosotros, sino de la poca empatía y criterio del cuerpo médico.

Es necesario sanar un proceso así, para poder empoderarse y estar preparado para situaciones como ésta. Aprendí que no es suficiente como hombre acompañar a la madre y darle la mano en ese momento donde los protagonistas son la mamá y su hijo, sino que hay que educarse para ser más partícipe de este proceso, involucrarse en parto, tener conocimiento de todo, transformarse y de ser un acompañante pasar a ser protagonista también con la familia completa.

Hay muchas cosas que podemos hacer como hombres para combatir la violencia obstétrica, no somos solo acompañantes del parto, somos parte importante para asegurar que nuestra familia, pueda disfrutar este momento de manera respetuosa y que se vuelva una experiencia maravillosa.
Hoy estoy agradecido de haber pasado por una situación así, luego de sanar ese proceso, me da más fuerza y confianza de tener un segundo hijo o hija y poder ser partícipe protagonista del nacimiento de nuestro próximo hijo o hija.

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