Conferencia “Autoridad y límites” dictada por el Pediatra Español Carlos González el 27 de Agosto 2017 en Viña del Mar, Chile.

Notas tomadas por Sindy Arzani y Jocelyn Aravena

Con un par de amigas, tuvimos la suerte de asistir a nuestra primera charla del pediatra Carlos González que vino a Chile a hacer un ciclo de charlas, y qué mejor, directo a Viña del Mar, así que no podíamos perder la oportunidad. Partimos y hoy, después de escucharlo en vivo, es probable que si más adelante vuelve a venir, volvamos a asistir, pues es muy cercano, directo y con un humor que hace que las casi 2 horas vuelen. Es cierto que habla de sus libros, pero ¿qué mejor que escucharlo para que te queden más claras las ideas, o para que resuelvas dudas, con él mismo al frente? A continuación les compartimos las notas que tomamos, esperamos haber entendido bien las ideas, que las disfruten:

En los últimos años, ha habido un cambio en la forma de ver a los niñ@s, pues antiguamente las travesuras o “maldades” eran consideradas porque eran niñ@s, sin embargo, hoy le buscamos razones hasta asociarlo a problemas psicológicos.

En general, la mayoría de los adultos busca a los niñ@s “normales”, de hecho casi no hay escuelas o lugares para niñ@s “distintos” para niñ@s, pero si para adultos (una universidad por ejemplo), por lo tanto, los niñ@s tienen que adaptarse a la escuela normal de manera obligada y para eso, muchas veces lo hacen medicados, porque un niñ@ debe escuchar con obediencia y respeto, o simplemente para que estudie o se quede tranquilo. Pero hay una inconsecuencia, pues hoy en día no se puede dopar a un adulto deportista, pero sí a un niñ@.

Respecto al problema de los límites, como adultos, tenemos autoridad por el solo hecho de ser adultos, y como los niñ@s nos aman con locura, podemos tener esa autoridad. El problema puede estar en que nadie nos enseñó a mandar, pues siempre nos han mandado, de hecho, casi la primera experiencia de mandar, es cuando tenemos un hij@.

Ante esto, hoy nos encontramos con muchos niñ@s, donde su vida está llena de “amenazas, gritos y castigos”, y así, ni niñ@s, ni padres lo pasan bien. Si muchas veces “pensamos” en tener hij@s porque queríamos cuidarlo, amarlo, mecerlo, jugar con él, abrazarlo, llenarlo de besos, etc. ¿en qué momento se torció todo, en qué momento comenzamos a mandarlos y no los disfrutamos como pensábamos?. Actualmente es probable que le digamos: no subas los pies, no pongas esa cara, ponte los zapatos, no veas televisión, no ralles ahí, no uses esos lápices, no dejes tirado todo, etc. el problema es que cuando tengamos que tener la autoridad para decirles cosas realmente importantes ¿nos quedará autoridad frente a nuestros niñ@s?. “Si te gastas la autoridad en tonterías, te quedarás sin autoridad”.

Bowlby, 1975 a través de su libro “Vínculos afectivos: formación desarrollo y pérdida”, ya decía que es errónea la idea de que a los niñ@s pequeños se les pueda inculcar disciplina, haciéndoles obedecer normas.

Además, como padres cometemos el error de les pedirles que nos hagan caso y además nos enojamos si no lo hacen. Es necesario comprender que nadie obedece órdenes con malas palabras, rabia, o enojo. Tenemos que entender que todos tenemos derecho a tener pataletas, ¿a caso nosotros no las hemos hecho?.

El niñ@ que está teniendo una pataleta, no está intentando mandar, solo lo hace, porque quiere algo, por lo tanto, ellos están buscando obedecer. Cuando tiene una pataleta porque quiere un helado, después que lo consiga, nosotros como adultos seguiremos mandando, así que a no volverse loc@s gritando, ni retando, ellos sólo quieren lo que piden.

“Todos los niñ@s hacen cosas que los padres le han prohibido, ¿a caso tú no lo hiciste? El punto ¿es necesario decir que no hagan eso, de la manera en cómo lo hacemos? (enojados, con gritos, o malas palabras o caras).

¿Me está desafiando?

Cuando un niñ@ hace algo que tú habías dicho que no hiciera, y lo hace mirándote y riéndose, solo busca aclaraciones para obedecer mejor, porque seguramente las órdenes no están claras o ellos no saben interpretarlas, pero lo hacen delante de ti para saber qué piensas, pues todos los niñ@s son felices cuando ven a sus padres felices. Muchas veces mal interpretamos acciones y gestos de los niñ@s, por ende, es probable que no se ría para desafiarte, sino para caerte bien y esperar una respuesta tuya. Piensa en esto “no prueba tus límites, solo busca hacer lo que quiere, porque eso le pone feliz”, un ejemplo es, cuándo nos para un policía porque veníamos a exceso de velocidad, acaso no miramos con una cara cordial? No lo estamos desafiando, solo queremos que su respuesta no sea tan dura (la infracción).

Una solución, dejemos que hagan algunas las cosas que quieren hacer y que no estemos de acuerdo, así dejaremos que las consecuencias naturales les ayuden a comprender, por ejemplo, si no quiere ponerse el gorro para salir, no pelear y llevárselo, no es tan absurdo que nuestr@ pequeñ@ no se quiera abrigar, si en el lugar dónde está en ese momento, está cálido. Entonces, cuando esté afuera y le de frío, se lo pasamos o ponemos. Pero no hace falta usar ironía, sarcasmo, sermón, ni decir ¿ves? ¡Mamá te lo dijo!

En cuanto a los premios y castigos:

Los premios no sirven para modificar la conducta de los niñ@s. Los premios prometidos, como: “si haces tu cama, te compro un libro” no son buenos, pues reducen la calidad moral del acto del niñ@, porque desde ya estás creyendo en que no lo puede hacer solo, por ende, no confías en ellos y ellos tampoco en si mismos.

Los premios que si funcionan son los premios por sorpresa, pues aumentan la conducta y no reducen la calidad moral del acto del niñ@. Por ejemplo salir a pasear, no porque se sacó buena nota, sino porque ahora tendrá más tiempo libre.

Nuestra misión como padres es hacer todo lo “razonablemente” posible para que en la escuela les vaya bien, pero no “todo”. En el caso de que no le vaya bien en el colegio, busco todo lo razonablemente posible que pueda ayudarle, por ejemplo: apago la tv para que estudie, busco un profesor, hablo con el profesor, etc. Pero no le prometo una bicicleta, de lo contrario tendremos que darle muchas cosas por el tiempo que van al colegio.

Los castigos tampoco sirven para mejorar la conducta y menos nos vuelve mejor personas. De hecho los castigos producen rabia, frustración y seguramente ideas de cómo hacerlo para que nadie los vea al volverlo a hacer.

Cuando haga algo, como padres debemos perdonar, como el padre de la parábola del hijo pródigo, y mucho más, porque son niñ@s. Eso está escrito en una historia que tiene más de 2.000 años (padre que es capaz de perdonar a un hijo y suplicar a otro), no es entonces una nueva forma de actuar ante un hijo.

Los niñ@s no son iguales, pueden ser muy distintos unos de otros, a pesar de ser criados de una forma similar. Con algunos tenemos más o menos tiempo, intentemos ser comprensivos y no mirar nuestros actos como un “Sacrificio”, por lo mismo, no le contamos cuentos para que les vaya mejor en el colegio, para que tengan mejor vocabulario, etc. Lo hacemos porque nos nace, simplemente por dedicarles un minuto más a ellos.

Te invito a pensar, ¿Por qué motivo has gritado o castigado a tus hijos este último tiempo, que han hecho? Recordemos que no hace falta gritar, o castigar, sino que debemos decir las cosas, pero adecuadamente o amablemente.

¿Por qué nos cuesta tanto ahora?

Una solución cuando no quiere hacer algo, es que podemos negociar, dando a elegir opciones que podamos cumplir, es decir, sin someterlo, si no, dando una explicación y no un sermón, o simplemente, hacerlos sentir que son partes de la decisión, por ejemplo, si un niño no quiere ir a ver a su abuela, no le preguntamos ¿quieres ir?, si no que le podemos indicar indirectactamente que iremos donde la abuela y lo hacemos participar de la siguiente forma “¿te quieres poner la polera verde o la roja para ir dónde la abuela?, ¿quieres hacerle un dibujo acá o lo haces allá para que ocupes tu tiempo?.

Cuando los padres no estén de acuerdo es una excelente oportunidad para practicar el tratarse con amor y decir las cosas con amabilidad entre ellos, así los niños aprenderán de nosotros.

Y por último, en peleas entre hermanos, hay veces que es mejor no intervenir y si lo hacemos que sea con una actitud pacífica y no para buscar culpables. Podemos ayudarles a cambiar de foco y ayudarles a encontrar soluciones.