Por Rodrigo González

Cuando una pareja pasa por un tratamiento de fertilidad para ser padres, se tiene todas las esperanzas en un resultado positivo. Para nosotros daba lo mismo cuantos niños tenía, si era niño o niña, mientras finalizara todo como se anhelaba. El objetivo ayudaba a Salir adelante, a llevar esa mochila de desgaste físico, económico y para mí lo reconozco, el psicológico.

Era fuerte en este último tema, pero debía también aflorar lo mejor de mí, porque mi media naranja a esa hora, tenía la lucha más grande de su vida, y yo en primera fila.

Poniendo todo esto en una licuadora, mezclado con una lluvia de hormonas, mucho amor, fé y el apoyo de familiares y amigos, pasamos 9 meses a la espera de nuestro milagrito de amor.

Ya siendo padres, empieza un hermoso y por qué no decirlo cansador proceso junto al esperado hijo, en donde el aprendizaje es mutuo, donde las prioridades cambian radicalmente, todo en función del “milagrito” y en donde el manual no lo encuentras por ningún lado.

Muchas veces nos preguntábamos como pareja, qué hubiese pasado si en vez de uno, hubiésemos tenido dos bebes, tendríamos el doble de tareas, el doble de responsabilidad, quizá nunca lo sabremos, pero lo que sí podemos identificar es que nuestro hijo exige y demanda tiempo para juegos, para diversión, incluso para mirar tv, entendiendo que el tiempo que era tuyo ahora es de alguien más.

Solo nos queda enseñar, que la vida tiene diferentes formas de dar amor que, si bien no tendrá un hermanito, “porque la fábrica se cerró”, tiene una hermana perruna, que tiene cerca de 10 años, fue nuestra primera hija perruna y quizá nos tocará explicar que en algún momento llegará el tiempo en que ella tenga que partir, siendo quizá la primera marca de ese hermoso corazón, y más adelante en este ciclo, nos corresponderá a nosotros también. Pero que tiene una familia más grande que este núcleo familiar que forman este hogar, que tiene un tata que lo construye todo, una nana que se derrite por él, y una abu que pasas sus longevas horas pensando en su nieto adorado y en sus virtudes que lo convertirán en alguien  de bien en el futuro,  como lo son sus primos y  tíos, que lo extrañan, sus padrinos, que para su suerte tiene 4 y no menos importante sus amigos, que como dice mi media naranja “es la familia escogida”, y que tendrá la posibilidad de ser feliz junto a ellos, que tiene que  aprender a amar y perdonar, a entender y tolerar, a ser resiliente, conocer las diferentes formas en que otros ven la vida, y dar todo su potencial de manera correcta.

Queda quemar muchas etapas todavía, solo espero tengamos salud, para ser viejitos, tomados de la manito, viendo a nuestro milagrito formar su propia familia….y podamos sentir que lo hicimos bien, y que lo volveríamos a hacer…

Rodrigo González

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